Pablo Hermoso de Mendoza
Por: Julián Parra DíazLa plaza de Santamaría registró el primer llenazo hasta las banderas, con la presencia en la plaza de muchas personalidades, ministros de Estado y funcionarios del alto gobierno nacional, quienes se acercaron al primer coso taurino del país atraídos por Pablo Hermoso de Mendoza.
La plaza de Santamaría de Bogotá registró un lleno de “No Hay Boletas”, en tarde con clima muy agradable.
Se lidiaron cuatro toros de la ganadería de Agualuna-Zalduendo, bien presentados con cuajo y romana y dos de la ganadería del Doctor Ernesto González Caicedo, bien presentados dando mejor juego el primero de ellos y que correspondieron al rejoneador Pablo Hermoso.
Lo del rejoneador navarro es un antes y un después en el arte de Marialva, porque nunca antes se había rejoneado con tanta perfección y belleza. Su magnífica cuadra de caballos encabezada por Chenel, Ícaro, Garibaldi, Pirata, entre otros, es la conjunción perfecta de dos seres que nacieron para estar unidos, Pablo Hermoso y su caballo.
Pablo Hermoso ya había conquistado al público de la Santamaría desde el año anterior pero es que es tan profesional y tan maestro que siempre una tarde suya supera la anterior y se agotan los calificativos para describir las emociones que este hombre produce y genera desde el ruedo. Torea a dos pistas, va de frente al toro, carga la suerte a pitón contrario, en fin toda la técnica reunida para producir arte desde sus cabalgaduras. Volvió a salir a hombros de la Santamaría.
Buenas actuaciones de Luís Bolívar y David Mora.
El colombiano toreó muy bien, pues con la figura desmayada y de verdad con la mano derecha, en su primero instrumentó una tanda ligada y profunda que el público reconoció con oles larguísimos como los fueron ellos. Bolívar pasa por un buen momento porque como me lo dijo una aficionada “está toreando más para él, para perfeccionar su obra y no tanto para el qué dirán de su desempeño”. En su segundo entregado y resuelto a todo, botó, tiró la muleta y se echó a matar sin ella, pinchando para luego cobrar una buena estocada.
David Mora confirmó en la Santamaría y dejó su impronta de buen torero, sobretodo en el toro de la confirmación que tuvo nobleza, calidad, aunque escaso de fuerzas.
Luís Bolívar, una oreja y palmas
David Mora, palmas y silencio
Pablo Hermoso de Mendoza, dos orejas y palmas
Tienen mal la ficha de la corrida. Mora cortó una oreja en su primero. Y a propósito de Mora, me extraña mucho lo corto del resumen de sus toros. En el primero metió unos naturales bellísimos, con verdad, cruzándose y cargando la suerte. Valiosísimo eso en estos tiempos de figuritas que ponen a la gente delirante toreando todo al filo del pitón, citando de perfil y dejando una distancia de un metro entre ellos y el toro. Me extraña profundamente que pasen todo eso por alto. Gracias.
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