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Decepción en las calles de Atenas tras la eliminación de la Eurocopa

Tras el pitido final que significó el adiós de Grecia de la Eurocopa-2012 al caer 4-2 con Alemania en cuartos de final, los hinchas griegos mostraron enseguida su decepción, al desaparecer enseguida de los puntos de reunión a los que habían acudido para ver el partido.

"Obviamente que estoy decepcionado", decía Evangelos Makos, de 34 años. "Pero ya fue algo grande haber llegado a los cuartos de final" se consoló este profesor de alemán que vestía la camiseta de la selección griega con el número 7 en la espalda, ese de Giorgos Samaras, jugador que comparte apellido con el primer ministro griego nombrado el jueves. Pero Evangelos no quiere asociar política y deporte. "Me puse la camiseta de Samaras porque esperaba que marcara el primer gol, tiene una técnica excelente", afirmó. Y acertó, porque Samaras fue autor del primer tanto heleno, lo que había desatado cantos de "Bravo Samaras" en las terrazas, cafés y sitios tradicionalmente de festejo para ver a la selección en obras épicas, como la conquista del título europeo de Portugal-2004. Más allá de la decepción, los aficionados también estaban orgullosos. "Los alemanes jugaron muy bien, probablemente van a ganar el campeonato", sostuvo Dimitri Angelopoulos, un estudiante de 17 años que se juntó con amigos a ver el partido. "Éramos outsiders, jugamos como héroes, dimos lo mejor, reconocemos la forma en que jugó Grecia", agregó. En la peatonal Thyssio, cerca de la Acrópolis, los cafés habían desplegado una batería de pantallas planas para ver el partido en terraza el viernes por la noche. Estuvieron repletos, pero tras la eliminación, todo el mundo desapareció rápido, sin hacer mucho ruido. La decepción planeaba Atenas. La deportividad predominó hacia el equipo alemán, pero en este país donde las estrictas medidas de austeridad dictadas por Berlín y Bruselas hacen especialmente daño, los abucheos y gritos más hostiles se reservaban para la canciller alemana, Angela Merkel, cada vez que salía en la televisión. Los espectadores levantaban la mano cuando ello ocurría, en un gesto que se interpreta como una maldición en Grecia, un país donde la superstición está muy presente en el día a día de sus habitantes. "Gritamos porque Merkel nos ha impuesto muchas cosas", dijo Ierasimos Paterakis, uno de los millones de griegos que pasó la noche pegado a la pantalla, soñando con una hazaña que nunca llegó. En el descanso, cuando el marcador era todavía de 1-0 para los alemanes, Dimitri todavía confiaba en la remontada: "Los alemanes han marcado un gol de casualidad, nuestra defensa es muy buena". El empate de Samaras, el número 7, en el primer gol desató la euforia, pero la alegría duro seis minutos. Los tantos de Sami Khedira, Miroslav Klose y Marco Reus hicieron enmudecer a la hinchada blanquiazul, que apenas se inmutó con el segundo gol de los suyos, obra de Dimitris Salpigidis de penal, ya en el 89, cuando no quedaba tiempo para nada. Alguien estaba contenta, eso sí: Sabrina Treuss, de 30 años, enfermera en Aquisgrán (Alemania), que vivió el partido rodeada de griegos. "Es mi primer viaje a Grecia. Es todo muy bonito, quiero volver", decía, aparentemente ajena al duelo futbolístico que había atraído la atención de casi todo el país.
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