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Foto: Facebook del jugador

FRACASAR ES EL NEGOCIO

Xavi Simons; neerlandés, 16 años, volante central, recibe un sueldo anual de un millón de euros en el PSG.

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Simons, ni siquiera es profesional, llegó a París procedente de las divisiones inferiores de Barcelona. Del jóven rubio esperan que sea el próximo Messi, aunque el argentino a esa edad ya había debutado en la primera división de la Liga Española y era toda una realidad. Simons es otro producto del posfútbol.

Juan Pablo Meneses, periodista chileno autor del libro “Niños futbolistas”, define al ‘posfútbol’ como la nueva era del fútbol originada con la aparición de Lionel Messi. Meneses habla de un nuevo deporte en el que los equipos más poderosos del mundo del fútbol buscan niños talentosos de todos los rincones del planeta para enlistarlos en su disciplina. Los educan, entrenan, esperan un alto desempeño deportivo y unos réditos que hagan valer su inversión primaria. En este sentido, podemos decir que ya no se cultiva la cantera, se importa.

Los grandes clubes del mundo funcionan como gigantes multinacionales al servicio del espectáculo que disponen de otros para saciar su voracidad de actores. La Masía del Barcelona, tal vez, fue la última muestra de un equipo exitoso desde sus propias fuerzas básicas; sin embargo, hoy parece que la propia academia no produce lo que el mercado pide, es necesario buscar lo exótico, lo extraordinario y lo más barato. 

En el posfútbol se repiten patrones imperialistas que se extinguieron en el siglo XX. De la misma manera en la que Inglaterra, España, Francia, Portugal, Italia y Alemania reinaban en los territorios del hemisferio sur con el ánimo de  extraer de allí riquezas y materias primas, los clubes históricos del primer mundo crean innumerables escuelas de fútbol en cada rincón del planeta con la falsa promesa, para niños y padres, de un futuro bienaventurado en Europa jugando a la pelota. No obstante, la visión de negocio es clara: buscar al próximo Messi, si no lo es, no sirve o eso creemos. 

Entonces ¿Qué pasa cuando un joven no es “el próximo Messi”? Un par de ejemplos: El noruego Martin Odegaard fue fichado en 2015 con 17 años por Real Madrid. Un joven maravilla que ha estado en las inferiores merengues, dio un paso por el fútbol de los Países Bajos y es titular en Real Sociedad. El nórdico no es Messi.  

En 2009, el japonés Takefusa Kubo, 18 años, fue reconocido como el mejor jugador de un campamento de verano hecho por el Barcelona. En 2011 llegó a la cantera catalana y en 2019 fue fichado por el Real Madrid Castilla. Allí debutó con el equipo de Zidane y hoy está cedido en el Mallorca. Kubo, tampoco es el Messi asiático.

Ni Odegaard, ni Kubo son los nuevos Maradonas, sin embargo el mercado nunca pierde. El joven con talento que se queda en el camino es moneda de cambio para los empresarios y entre más equipos tenga en su espalda, es más grande la plusvalía.

Los casos están a la orden del día; pensemos por un momento en Robihno (ocho equipos), Ricardo Quaresma (10), Royston Drenthe (11), Bojan Krikc (8), Juan Pablo Pino (11), Johnnier Montaño (16) o incluso Marlos Moreno, quien con apenas 23 años fue campeón de Copa Libertadores con Atlético Nacional, fichado por el Manchester City y lleva cinco clubes en menos de tres años (Deportivo La Coruña, Girona, Flamengo, Santos Laguna y Portimonense). Son promesas perfectas,  negocios ideales, transferencias seguras para los agentes.

Así que, para el negocio del posfútbol, se necesitan más minas de extracción de jugadores a cielo abierto. Necesitamos muchos niños ilusionados que alimenten esta picadora en la que los empresarios siempre saldrán ganando. Si el niño llega a ser Messi, maravilloso, si no lo es, también. Al final, fracasar es el negocio.

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Antena 2
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