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Jason Day, considerado uno de los jugadores más lentos del PGA Tour.
Jason Day, considerado uno de los jugadores más lentos del PGA Tour.
Agencia AFP

¿Jugar lento y caminar rápido? 

La lentitud de algunos jugadores ha hecho que el juego se vuelva peligrosamente soso.

Hay un dicho que se repite en todas las canchas de golf que opera como esas reglas nunca escritas o aquellas normas implícitas en la sociedad que nadie cuestiona o pregunta y que todos terminan aceptando como un mandamiento. 

El golf se juega despacio pero se camina rápido” es el concepto que está en el ambiente, y se repite, o para afanar al grupo de amigos que va adelante como midiendo a pasitos el callejón o para justificar la eterna demora de algunos antes de golpear la bola. 

Pero la verdad es que tal dicho no pasa de ser eso y la práctica exagerada y a rajatabla de que el golf se juega despacio está haciendo un serio daño a la práctica, porque lo está haciendo soso para los espectadores y agotador para los jugadores. Una ronda de 18 hoyos bien caminada y bien jugada no debería demorar más de cuatro horas; pero por obra y gracia de la dichosa frasecita tiene uno que ver cómo una vuelta al campo de 18 hoyos puede tomar hasta seis horas. 

Y lo peor, seis horas detrás de un grupo que no entiende que esto no es ajedrez, porque el ajedrez se juega sobre un tablero y sentado frente a una mesa y que, si bien cada golpe requiere análisis y concentración, el golf no puede ser un juego eterno. 

Una jornada de seis horas es extenuante, por más tranquilo que se camine. Ahora, trate usted  pasar ese mismo tiempo sentado frente al televisor sin que, inevitablemente, a la tercera o cuarta hora los ojos se le vayan cerrando lentamente y de manera irremediable se pierda el cierre de su jugador favorito o el play off del torneo que ha estado mirando durante los últimos cuatro días.

Y este no es un mal de los clubes privados o de los campos públicos, donde los jugadores caminan sin prisa contando su historia de la semana en cada paso, sino que es un mal del juego, incluidos los profesionales. Tanto así que en el circuito europeo y el norteamericano existen sanciones para los jugadores que demoran más de lo necesario en sus golpes.

Este año ya han comenzado a hacerse pruebas de cronometraje para medir los tiempos. En el Shot Clock Masters de Austria en junio pasado se incluyó un árbitro por partido para medir los tiempos y se limitó a entre 40 y 50 segundos como límite para cada golpe. El resultado: más de una hora menos por ronda y el finlandés Mikko Korhonen ganó el torneo con 16 golpes bajo el par, lo cual demostraría que la agilidad y la rapidez no necesariamente afectan el juego y el puntaje. 

Se registró una de cuatro horas y 28 minutos y otra de tres horas y 59 minutos. Y se hizo el experimento sin que los jugadores protestaran. El Master de Austria es un buen ejemplo para este lado del mundo en donde si bien hay sanciones para los jugadores lentos, éstas, por la manera como están diseñadas, casi que ni se aplican y mucho menos motivan a jugadores como Kevin Na o Jason Day, famosos por demorarse en exceso en sus golpes, a acelerar el paso y ponerle dinamismo a este deporte, que harto lo necesita.

El fútbol ya tiene su VAR y en el mundial logró imponerse sobre quienes le temían a una pérdida excesiva en el dinamismo de los partidos. En cambio en el golf ¿por qué no podemos masificar el uso del cronómetro precisamente para darle más agilidad y más dinamismo a un deporte que peligrosamente se va tornando cada vez más lento? Un juego más ágil, más rápido, más atractivo seguramente puede traer más adeptos, más aficionados.

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Antena 2
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