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Tiger Woods y Rory Macilroy caminan con una orda de aficionados detrás suyo.
Tiger Woods y Rory Macilroy caminan con una orda de aficionados detrás suyo en el Tour Championship de 2018.
Agencia AFP

¡Salud!

Un aficionado al golf puede quemar hasta 3.600 calorías viendo un torneo.

Sentarse en la tribuna a ver jugadores correr, a los atletas saltar, a los nadadores sambullirse, siempre ha sido una costumbre que va acompañada de una especie de rito insalubre para los aficionados, que involucra al menos una Coca-Cola familiar o una cerveza de igual tamaño, un perro caliente, una hamburguesa, un paquete de papa fritas o cualquier otra clase de viandas de las que se expenden en los estadios e instalaciones deportivas, y que en general suman y suman calorías. Esto convierte el asistir a eventos deportivos en una actividad que atenta contra el organismo. O si no que lo digan quienes cada domingo antes o después de un partido se echan su pasada por el “palacio del colesterol” en los alrededores del estadio El Campin en Bogotá. El nombre del negocio lo dice todo.

Una verdad de perogrullo que puede rayar con la estupidez: ver deporte no garantiza que uno sea saludable. No hay que ser científico para saberlo, ni estadístico para darse cuenta que asistir a eventos deportivos el fin de semana significa muchas veces un consumo importante de comestibles cuya carga calórica excede, inclusive, lo que esos asistentes ingieren en un día común y corriente.

Pero no todo está perdido, por lo menos para quienes acostumbran a ir a los clubes en donde se desarrollan los torneos de golf. Dentro de las múltiples características especiales que tiene este deporte, ahora resulta que un interesante estudio realizado por la Universidad de Edimburgo, en Escocia -cuna de este juego-,  asegura que en un fin de semana de golf, los aficionados casi que perciben los mismos beneficios para la salud que los propios deportistas que participan en la competencia.

El estudio, que fue presentado en el marco del Open Championship de este año, pasó desapercibido para la prensa internacional. Pero llega a unas conclusiones muy interesantes. Lo primero que señala es que ir a ver golf a un escenario deportivo puede proporcionar una actividad física que mejora la salud. ¿Por qué? sencillamente porque es el único deporte en el que el espectador tiene que acompañar al deportista en su actividad paso a paso.

En el fútbol nadie se puede meter a la cancha y tiene la visual de todo en campo desde su silla. Máximo se levanta a gritar y saltar cuando hay un gol, y esto sucede muy pocas veces en los 90 minutos de un partido. En un encuentro de baloncesto acontece lo mismo y nunca ha habido un aficionado que corra en las gradas los 100 metros planos para ver de cerca cuál fue el atleta que primero pisó la línea de meta. Algunos corren cerca al ciclista de su preferencia, pero ninguno las cinco horas de la carrera.

En cambio, un aficionado juicioso acompaña a su estrella caminando en paralelo los 18 hoyos del campo. La investigación dice que de entre los fanáticos encuestados, el 82.9% cumplió con los niveles diarios recomendados de conteo de pasos para tener una vida saludable. Esto es uno 11,589 pasos.

La cosa es así: según la generalidad de estudios médicos, para una persona adulta que camine diariamente unos 5.000 pasos se considera que lleva un estilo de vida sedentario. Si lo que camina suma entre esa cifra y 7.500 pasos, cada 24 horas, está determinado como una actividad física baja. De 7.500 a 10.000 pasos el estilo de vida es “algo activo”. Y sólo se considera que una persona es activa cuando no tiene ninguna otra actividad física pero camina más de 10.000 pasos cada día.

Esto quiere decir qué ir a ver golf puede ser la diferencia entre ser sedentario entre semana a tener un estilo de vida activo el fin de semana.

Los datos recopilados para el estudio publicado en el British Journal of Sports Medicine y que forman parte del Golf & Health Project, dan cuenta de que en la Internacional de Shenzhen en China en 2016 unos 6500 espectadores completaron una caminata diez kilómetros cada uno; un cuarto de maratón. 

En la Ryder Cup  de 2014 en el campo de Gleneagles más de 20.000 espectadores habían marcado todas las ubicaciones de los puntos de control establecidos para la investigación. Al final, cada uno de ellos había caminado ocho kilómetros, algo menos que los chinos, pero muy significativo en términos de ejercicio.

Siguiendo los estándares internacionales, caminar unas cinco horas a un ritmo de tres kilómetros por hora para una persona de 70 kilos le podría significar quemar casi 900 calorías. Si esto se multiplica por los cuatro días de la competencia, el resultado puede ser importante, si no se combina con la cerveza, el perro caliente o la malteada. 

Podría pensarse que este es uno de esos estudios que hay por ahí descubriendo lo evidente, pero ha sido coordinado por el Golf & Health Project, que hace parte de la Organización Mundial del Golf, respaldada por las principales organizaciones estadounidense y europeas como la Usga, la PGA, el Tour Europeo, el Masters de Augusta, entre otros.

Obvio o no, lo cierto es que caminar cinco horas diarias le mejora la vida a cualquiera y esto solo es posible viendo golf.

Fuente
Antena 2
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