Cargando contenido

Tiger Woods, durante los previos en el Abierto Británico de 2018.
Agencia AFP

Tiger Woods, ¿y porqué sí?

Para ser el mejor de todos los tiempos. Eldrick ‘Tiger’ Woods aún debe ganar cuatro grandes torneos. Está seguro que aún puede lograr mucho.

Eldrick cierra sus ojos por varios segundos. Quien lo graba decide no cortar, ni interrumpir algo que se asemeja a un trance y que para Tiger parece ser muy extasiante. Woods mueve muy lentamente y casi imperceptiblemente su cabeza, como el músico que acompaña la melodía que suena en sus audífonos. Recorre con su recuerdo uno a uno los 18 hoyos del campo de St Andrews en su primer abierto británico. Se devuelve en su vida, en su juego. Viaja ahora 22 años a su segunda participación en el abierto británico. Se ve a sí mismo retado, luchando contra la naturaleza, peleando contra el viento. Tiene 20 años y ganas, muchas ganas. Un año antes, como amateur, había tenido que abandonar; esta vez no lo hará. Es el chico joven que todos miran y al que los críticos le ven potencial. Mientras juega uno de los hoyos golpea la bola baja, muy baja. Ésta por milímetros se salva de caer en la profunda trampa de arena. Está tan inmerso en la trayectoria de la bola que no tiene porqué saber que el comentarista de televisión escupe simultáneamente al micrófono: “este es un chico con suerte”. Lentamente abre los ojos, como recogiendo los pasos de los últimos 20 años que se devolvió y ve que la cámara sigue ahí. Nunca se fue. La sonrisa se hace más pequeña, la candidez del trance desaparece y da paso a una mirada de experto; de jugador curtido. Se trata de entender cómo controlar la bola en el aire para poder controlarla en el suelo. Así de simple, es el secreto. Así revela Tiger Woods su forma de enfrentarse a los temibles links. Esos campos de callejones estrechos y de vientos indomables. La madre naturaleza lo determina y uno tiene que salir a desentrañarlo. Eso piensa el campeón de 14 majors de lo que pasa con ese tipo de campos. De las condiciones a las que se va a enfrentar a partir de este jueves. Saldrá a desenmarañar lo que el campo de Carnoustie y sus condiciones le dictaminen. Vuelve a cerrar los ojos frente a la cámara. Esta vez es apenas un parpadeo largo. Vuelve Escocia a su mente. Han pasado cinco años desde la primera vez. Camina hacia el hoyo 18. Es domingo en la tarde. Los pasos son ansiosos y largos. El golf se juega lento, pero se camina rápido. El público rompe el cerco y corre detrás suyo. Una horda de  aficionados quiere verlo más de cerca. Quiere saber si finalmente va a romper el récord de Nick Faldo. ¿Será capaz de cerrar por debajo de 20 golpes?. Necesita un par. Ya ha perdido un golpe y lleva -18. Un poco más de dos metros. Dos golpes y asegura el torneo, pero no romperá el récord. Sabe que va a ganar el Abierto, pero no quiere ir a la fija. Golpea firme. Lo logra. Rompe las marca de Faldo. De nuevo abre los ojos y mira a la cámara. Una sonrisa amplia de dientes blancos se dibuja en su rostro. Con una expresión de niño travieso confiesa que quería ese extra. Fue divertido. Le tomó cinco años obtener su primer Claret Jug. Y ya hace 12 que logró la última. Han pasado muchas cosas en su vida. Líos personales, problemas médicos. Tres operaciones recientes. Aquí no se trata de mandar la bola por arriba, siempre por lo alto, como en Estados Unidos. No se trata siempre de tomar el wedge cuando se está cerca del green. Aquí no hay mecánica. Esto se trata de ser creativo. De pensar cada hoyo y la consecuencia de escoger cada palo. De esquivar las trampas de arena. De apostarle a los hierros. Le faltan cuatro ‘grand slam’ para ser el mejor de todos los tiempos. ¿Cree que todavía puede ganar? No hay parpadeo. Mirada fija a la cámara. Absolutamente. Asiente con la cabeza con firmeza para no dejar duda. Desde sus inicios sabe que no va por los líderes. No va por nadie. El va por su juego. Si alguien quiere ir por él, que lo haga. Tendrá que alcanzarlo. Tiger puede ganar este abierto en 2018. Está recuperado; en forma. Quiere ser el mejor de todos los tiempos. Está en su zona. Los veteranos tienen cuatro veces más posibilidades de ganar que los jóvenes. Siempre supo que había mejores que él en los tiros largos. Siempre supo que había mejores que él los golpes cortos. Tal vez mejores que él con los puts. Pero siempre pudo derrotarlos porque en su juego reúne las claves de cada momento del hoyo. Por todo lo que es y representa, Tiger sí. Porque sí. Es mi favorito.

En esta nota
Imagen
Tiger Woods
Imagen

Cargando más contenidos

Fin del contenido